ITALIA 42 – ESPAÑA 9

Estándar

Lo pongo como si fuese el resultado de un partido de futbol, para hacerlo más comprensible, ya que de futbol entiende todo el mundo. Esto significa que los vinicultores italianos vendieron 42 litros de vino por cada habitante de su país en el 2009 mientras los vinicultores españoles solo vendieron 9 a sus paisanos.

Y esto no sucede solo ahora que hay la excusa de la crisis, en el 2001 el consumo en España era de menos de 14 millones de hectólitros cuando Francia consumía 34, Italia 30, y Alemania 20. España ya había caído un 40,7% desde 1976, mientras Japón aumentaba un 582%, Reino Unido un 177%, Dinamarca 146% y Holanda un 109%

El consumo de Francia e Italia también cayó entre 1976 y el 2009 pero siguen consumiendo mucho más que España.

¿Será que en España las personas huyen del alcohol? Pues no, porque aquí se consumen más aguardientes y licores que en Italia. Concretamente 300 millones de botellas contra 190. España es el mayor consumidor de todo el mundo de Ron, con 57 millones de botellas contra 15 de Italia. Esto demuestra claramente que no se ha sabido atraer al consumidor, si no todo lo contrario, ya que no ha dejado de consumir alcohol ni ha buscado alternativas más baratas.

La falta de éxito de los vinos españoles no se soluciona haciendo campañas de publicidad. Antes de hacerlas hay que tener en cuenta que para vender se tiene que tener un producto vendible y buena imagen global, que la mala imagen de algunos vinos no perjudique a los demás. Ya veremos que en 1985 un estudio que encargó el ICEX, desvelaba que los americanos estaban convencidos que los españoles no sabían hacer ni vender vino. Tenemos buenos vinos pero como están rodeados de imitaciones de vinos extranjeros hechos al abrigo de las mismas Denominaciones de Origen, la imagen global de los vinos españoles no es positiva. Un país imitador no tiene buena imagen.

Cuando un consumidor ve que todavía se están utilizando variedades foráneas deduce que esto es debido a que las autóctonas no vales gran cosa. Esto perjudica a los que producen vinos originales, bien como a la imagen del vino español en general. El que se utilicen las mismas variedades que se usan en todo el mundo al mismo tiempo que unas variedades autóctonas a las que no se han promocionado debidamente, no es positivo. Da la sensación que no tenemos nada más que Tempranillo y Albariño. Como Rueda estuvo perdiendo el tiempo con variedades extranjeras, muchos extranjeros se piensan que el Verdejo es portugués y la llaman Verdelho.

No se han ido haciendo periódicamente reuniones para dialogar sobre que se tendría que hacer para intentar tener más éxito y los vinicultores están desorientados. La falta de diálogo ha sido muy perjudicial porque el prestigio no se consigue INNOVANDO en el sentido que le dan algunas personas, que se piensan que imitar lo que se hace en otro país es innovar.

Hace un par de años la Asociación de Enólogos de Cataluña concedió el premio a la INNOVACIÓN a un enólogo resaltando que había producido Cava a base de chardonnay. No logré que me explicasen si esa Asociación pensaba que Francia producía el Champagne utilizando variedades españolas y utilizar en España la francesas era efectivamente una novedad, o que se pensaban que INNOVACIÓN es sinónimo de IMITACIÓN o que si se hace algo en España por primera vez, es una innovación aún que eso se haga en otros países desde hace muchos años. Esto sería una manera de pensar muy pueblerina, del tiempo en que se ignoraba lo que hacían los del pueblo vecino. Con el mismo criterio, un niño que anda por primera vez en su vida, sería un innovador…A ese enólogo le podían haber dado el premio por su trayectoria profesional y, en cambio le dieron ese premio a un innovador que no optó por el camino fácil de imitar el Champagne si no que hizo Cava rosado con Trepat,.

Si los enólogos no lo tienen claro, no puede sorprender la desorientación que impera.

Innovar es hacer algo nuevo, algo que no se haga en otros países. Pero el premio era aún más disparatado porque el hacer un espumoso a base de chardonnay no era novedad ni en España. Lo que hoy llamamos Cava se producía, a partir de 1850, con chardonnay, era una pura imitación del Champagne. Curiosamente nadie ha celebrado y felicitado al verdadero INNOVADOR, el que dejó de producir imitaciones y creó el Cava con personalidad propia utilizando variedades autóctonas, el Sr. Manuel Raventós Domenech. Gracias a este señor lo que hoy se llama Cava empezó a tener éxito en España y lo tuvo también en el extranjero enseguida que se organizó la exportación de una manera profesional.

Pero cuando estaba demostrado que la fórmula del Sr. Manuel Raventós Domenech tenía mucho éxito y era evidente que no convenía hacer cambios, a finales de los años 80 se autorizó que el Cava se pudiese producir a imagen y semejanza del Champagne, a base de chardonnay, como se hacía 136 años atrás. La confusión que creó el haber dos estilos diferentes, con el mismo nombre, dentro de la misma Denominación de Origen, provocó que su venta en España dejase de progresar de la manera sustancial, como lo había estado haciendo. La exportación “progresó” gracias a las etiquetas blancas a bajo precio, como veremos más adelante,

El decir que el chardonnay y el pinot son muy buenos para producir espumosos es una buena publicidad que el sector del Cava está regalando al Champagne. Deberíamos pedirles que, en compensación, ellos hagan propaganda de nuestras variedades.

Es, pues, peligroso recomendar la innovación si no se deja bien claro lo que significa innovar.

Los españoles viajan cada vez más y ya no aceptan que les digan que un vino hecho con variedades francesas es una novedad. ¿Novedad para quien? ¿Para el productor? Si es una novedad para el productor es un mal asunto, pues lo que conviene es que el productor tenga experiencia en lo que hace. Un vino hecho con variedades francesas difícilmente es una novedad para el consumidor español pues son muchos los que se han desplazado al país vecino o por trabajo o por turismo y habrán visto allí vinos hechos con las mismas variedades que aquí pretenden que se crea que son típicas de España, a pesar de que por sus nombres, es evidente que son francesas. También habrá muchos que han estado en otros países más lejanos y habrán encontrado vinos hechos con las mismas variedades, constatando que no se imitan los vinos franceses solo en España y que si se imitan en todo el mundo es porque son los mejores, por lo que conviene comprar vinos franceses.

Ahora muchos vinos españoles son muy diferentes a los demás de la misma Denominación de Origen pero prácticamente iguales a otros de otras Denominaciones de Origen. Las DO no garantizan tipicidad ni un estilo común, como sucede con las DO de otro tipo de producto, como con el queso, en el vino no hay DIFERENCIACIÖN con las demás DO ni SIMILITUD con los vinos de su DO.

Hay personas que admiten que se han hecho disparates pero no se atreven a decirlo porque tienen miedo que los que se han equivocado se enfaden. ¿Pero que es más perjudicial para todos, dar un disgusto a los que se equivocaron o continuar siendo solo los líderes de exportación del vino bueno bonito y barato a granel, mientras el consumo interno va bajando?

Los vinicultores y los viticultores, quizás por excesivo trabajo, no han logrado averiguar porque el país con más la viña más antigua y con mayor superficie está haciendo el ridículo. Pero hay organismos oficiales y estos deberían estudiar el tema a fondo y si no saben que deben hacer deberían buscar asesores capacitados.

Para exportar a un precio digno es necesario organizar previamente el mercado interno. Hoy en día el comprador extranjero procura averiguar que prestigio y precio tiene, en su país de origen, el producto que le pretenden vender y si este está garantizado por una Denominación de Origen, procuran también saber el prestigio que esta tiene, los precios de otros productos de la misma DO, etc., si es que no ha tenido tiempo de hacerlo previamente a recibir tu visita lo hace incluso mientras le vas hablando, buscando datos en el ordenador, y evidentemente no te hace un pedido si no tiene esta información

Por más buen vendedor que uno sea no le puedes vender un SEAT al precio de un Rolls Royce. Los intermediarios no tienen dificultad en averiguar que España está exportando a muy bajo precio y que la venta del vino español está en caída libre dentro de España. Con esta información deducen que España tiene necesidad de exportar a cualquier precio y no se les podrá vender a un precio razonable si no son vinos muy conocidos que se han ganado el prestigio individualmente.

Pienso que convendrá repasar lo que muchos consumidores han ido leyendo, bien como también muchos intermediarios. Citaré solo algunos de los artículos de prensa que he ido guardando, refiriéndome a los puntos que puedan tener más interés y repercusión en la venta y consumo. Lo dividiré en lo que se ha dicho dentro de España y seguidamente lo que se ha dicho en el extranjero, que pueda tener influencia en la exportación.

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